Huellas de una expedición a la Ciudad Perdida

Por Segundo M. Jima

Relato de una expedición hacia un asentamiento humano en territorio shuar.


Se dice que la segunda visita donde se constataron 10 héctareas aproximadamente de muros de la ciudad.

Trotsky Riera Vite

triera(@)naturalezaycultura.ogr

La mayoría de zamoranos chinchipenses, conocemos o hemos escuchado de las bellezas paisajísticas y recursos naturales que presenta el Alto Nangaritza, sin embargo algunos de nosotros pasamos por alto o no valoramos la riqueza cultural que se encuentra en este territorio a pesar que podemos tener frente a nosotros a un Shuar, portador de una sabiduría excepcional del bosque, que le ha permitido convivir con la madre natura, desde antes de la creación del Estado Ecuatoriano.

A pesar de lo tentador de escribir a cerca de la vida de los Shuar y su interacción con su medio, ahora quiero referirme a otra evidencia cultural –en este caso tangible- existente en el Alto Nangaritza, que podría hacer que repensemos nuestra historia y que es muy poco conocida por el ciudadano común, me refiero al espacio denominado como “la ciudad perdida”.

Muy temprano por la mañana de un lluvioso martes, nos embarcamos un grupo de 13 personas hacia una de las expediciones más interesantes que he realizado hasta ahora, no tanto por la aventura y el reto que ello significaba, sino por el hecho de hallar y lograr recorrer la comentada “Ciudad Perdida”.

Luego de haber viajado río arriba por el Nangaritza, durante unas 4 horas desde Las Orquídeas, llegamos al Centro Shuar Wampiashuk, que en castellano significa mariposa, lugar donde nos encontraríamos con el guía, mi amigo Francisco Kukush.

En Wampiashuk pernoctaríamos para el siguiente día muy temprano por la mañana empezar una caminata de aproximadamente nueve horas, atravesando quebradas, subidas, bajadas, lodazales y un ecosistema impresionantemente biodiverso, este día solo pudimos avanzar hasta un refugio ubicado antes de llegar a nuestro destino final.

La mañana siguiente continuamos con una caminata de unas cuatro horas hasta llegar a la casa comunal del Centro Shuar Nayump, corroncho en castellano, desde donde está muy cerca la tan esperada “ciudad perdida”. Misma que se encuentra dentro del título global que les fue entregado a los Shuar en reconocimiento a su ocupación ancestral.

Después de descansar y desayunar en la casa comunal nos dirigimos al complejo arqueológico denominado por los moradores como la “Ciudad Perdida” donde encontramos las huellas de un asentamiento humano.

En éste lugar encontramos muros que pueden alcanzar hasta un metro y medio de alto, con una continuidad de al menos 20 metros de largo en algunos sitios.

Existen también habitaciones y terrazas con un promedio de 150 m², esto a lo largo de casi una hectárea y media que pudimos recorrer debido al inclemente clima y al corto tiempo con que contábamos. Sin embargo Francisco manifestó que algunas personas dicen que el complejo puede ocupar al menos unas diez hectáreas.

El complejo en si está cimentado por pequeños bloques con un promedio de 30cm por lado, de una roca ígnea denominada granodiorita, que se encuentra en proceso de meteorización y está compuesta por cuarzo, feldespato y epidota.

Es necesario recalcar que este tipo de roca pertenece al Batolito de Zamora, nombre con el que se le clasifica a la base geológica de gran parte de nuestra provincia.

Algo curioso es que la granodiorita es pesada y difícil de labrar para construcciones habitacionales, sin embargo fue utilizada aquí posiblemente por su durabilidad y dada la abundancia de esta en el sector.

Todo el complejo se encuentra cubierto con vegetación, inclusive las raíces de los árboles y arbustos se abren camino hacia la tierra a través de los bloques, lo cual acelera su erosión y deformación de los muros, razón por la cual es urgente que las instituciones encargadas y las comunidades se unan para evitar la destrucción total de este asentamiento.

Luego de nuestro corto tiempo de recorrido por el asentamiento emprendimos nuestro regreso hasta Wampiashuk, donde nos esperaría Margarita Tiwi con uwi nijiamanch o como diríamos nosotros chicha de chonta, ideal después de una larga caminata por su frescura y alimento.

En seguida de nuestro descanso tomamos el bote de regreso hasta Las Orquídeas y de ahí a Guaysimi y a Zamora, para terminar nuestra expedición.

Antes de terminar quiero hacer un llamado a las instituciones pública, privadas y a la ciudadanía en general para que todos empecemos a valorar, respetar y promover la revitalización de las expresiones culturales de nuestra provincia, sean estas intangibles como el idioma o tangibles como las edificaciones que se encuentran en nuestra provincia, porque esta no es la única.

Y citamos otras como Santa Ana de La Florida en el cantón Palanda, La Ciudad en Yacuambi a las faldas del Cerro Chivatos o los rastros que encontramos en Piuntza del cantón Zamora, que son los asentamientos o edificaciones mas famosos pero no los únicos.

En este sentido, creo firmemente que el tema de valorar, respetar y promover la revitalización de las expresiones culturales empieza por nosotros mismos inclusive desde la forma como nos referimos a las cosas.

Por ejemplo no esta bien que cuando nos refiramos a estas edificaciones les llamemos RUINAS, porque esta palabra hace alusión a algo que está en decadencia, desastre, devastación o incluso desolación y no queremos eso para nuestra historia, nuestra historia debe ser vivas y dinámica para que los ciudadanos tengamos interés de conocerla y sentirnos orgullosos de ella.



Personal en el trayecto navegable del majestuoso río Nangaritza Las Orquídeas-Shaime

Expedición de los 13 de la fama

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