Bienvenidos a huecolandia

Por Efrén Sarango Palacios

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Hasta cuándo esperaremos
dice el pueblo y en tono alto
que a las calles de mi Loja
las recubran con asfalto.
Me parece que los plazos
hace poco ya vencieron
pero nada ha sucedidio
desde cuando las abrieron

Nadie duda que la obra
es muy buena y no me espanta,
el problema es que la gente
tanto polvo ya no aguanta.
Mucha gente se ha enfermado
de los bronquios y pulmones
y otros tantos se han caído
en los grandes socavones

Aceleren! el trabajo
por favor autoridades
que las calles y avenidas
son de Loja prioridades.
Tantos huecos, tantos baches
en las calles y avenidas
no soportan los paisanos
que reclaman mejor vida

Este asunto no se arregla,
se complica, es un relajo
no demuestra verraquera
el barbitas de estropajo.
Y los autos mis bonitos
se destruyen pero a diario
por los huecos “reverendos”
en la calle y vecindario

Abren huecos a su antojo
y los dejan muchos días
sin taparlos de inmediato
reclamaba ayer mi tía.
Ojalá! que por campaña
por lo menos haga alguito
si pretende nuevamente
aferrarse del puestito

Huecos tristes, huecos chuecos,
huecos chicos, huecos grandes
se divisan desde lejos
y también desde los Andes.
Huecos nuevos, huecos sucios
huecos limpios, huecos viejos
nos fabrican rapidito
… yo diría por pendejos

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El presidiario

Por Efrén Sarango Palacios

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Las rejas se cierran
lastimando los dedos
cercenando la lengua
en pedazos de polen

Una luz atraviesa
por la boca del muro
con un canto sonoro
embebido de aliento

Depositan sus ojos
sobre el agua del río
anhelando posarse
sobre peces y huir

El mendrugo poluto
no sucumbre su hambre
y su estómago hace
una mueca de piedra

En harapos caminan
sobre llamas y ortiga
solo esperan el día
del escape final

Compañeros de celda
son ratones hermosos,
cucarachas ancianas
y leguleyas arañas

Cuántas notas se apagan
al cruzar la alambrada
donde duerme el suspiro
sobre almohada de hielo

Cos sus uñas se aferran
a la luna encantada,
a los soles de plata
y a las nubes de barro

Su familia se extingue
a través de sus ojos
y sus hijos de harina
no soportan la ausencia

Vericuetos de acero
atenazan sus nervios
mientras llanto y sudores
se enamoran del reo

Por la puerta central
ellos miran océanos
con sus conchas de nácar
levantando sus huesos

Las rejas se cierran
lastimando los dedos
cercenando la lengua
en pedazos de polen

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