Semblanza de la vida de Marta Piedad Ojeda Riofrío (+)
La señora Marta Ojeda de Calderón, se distinguió por su voluntad de servicio a la sociedad; por el lapso de 28 años, sirvió a la ciudadanía de Zamora y su provincia, como Registradora de la Propiedad.

Ing. Jaime Calderón Ojeda junto a hermanos y familiares al salir de la catedral de Zamora, miércoles 22 de octubre 2008.
Zamora.- Los esposos Luis Felipe Ojeda Veintimilla y Rosario Riofrío Moscoso trajeron al mundo a quien se llamaría Marthita Piedad Ojeda Riofrío, el 12 de octubre de 1939 en la ciudad de Loja, constituyendo una modesta y digna familia junto con su hermano Carlos Agusto.
Su apacible infancia transcurre en la ciudad Loja donde cursa su educación primaria con las hermanas Marianitas. Continúa sus estudios secundarios en el Instituto Técnico Superior “12 de Febrero” de la ciudad de Zamora, ya como madre de familia.
Su inquebrantable y ejemplar afán de superación, le permitieron continuar y concluir, contra viento y marea, sus estudios superiores hasta obtener el título de Licenciada en Ciencias Políticas y Jurídicas, en la Universidad Católica de la ciudad de Cuenca.
La voluntad divina y el afán de servicio a la humanidad doliente quisieron que llegara a la ciudad de Zamora en l958, para prestar servicios como enfermera del Dispensario de Salud de ese entonces. Trabajó también en el Laboratorio Izquieta Pérez como laboratorista, donde se desempeñó con esmero y responsabilidad hasta 1961.
En el cumplimiento de su ardua labor, conoció a un joven caballero, quien le llamó especialmente su atención por su distinguida y culta manera de ser y relacionarse. Su característico don de gentes lo hizo merecedor del cariño y respeto de todos quienes lo conocieron. Se trataba del correcto caballero Sr. Carlos Calderón Paz y Miño, que cumplía, con gran responsabilidad, funciones en la Oficina de Telégrafos.
Don Carlos Calderón contrajo sus primeras nupcias con la señora María Lastenia Gálvez Elguero, con quien procreó 6 hijos: Carlos Alberto, Jorge Rigoberto, Gloria Graciela, Guillermo Arturo, Marcia Yolanda y Eduardo Patricio Calderón Gálvez. Lamentablemente, este matrimonio no duró mucho tiempo, pues, don Carlitos, como se lo llamó en el afectivo seno familiar, sufrió un duro golpe existencial al fallecer su primera esposa, quedando en la desolación y con seis hijos pequeños.
Por un designio de Dios y movidos por un amor sin límites, Carlitos y Marthita decidieron unir sus vidas mediante el sacramento del matrimonio en el año 1960.
Los hijos del primer matrimonio acogieron a Marthita en el seno de su familia con mucho afecto y gratitud, sentimientos que han perdurado por siempre y en toda circunstancia, en un hogar donde han reinado la armonía y unidad familiares.
De esta unión matrimonial nacieron 4 hijos: Jaime Ramiro, Gonzalo Geovanny, Martha Elizabeth y María Elena Calderón Ojeda, quienes, conjuntamente con sus hermanos Calderón Gálvez, con el ejemplo recibido de sus progenitores, sirven a la sociedad zamorana con altruismo, capacidad y solvencia.
Una faceta, fuera de lo común, es el inmenso, permanente y sublime amor que mutuamente se profesaron a lo largo de sus vidas. Esta vida matrimonial, en verdad, constituye un luminoso ejemplo para sus hijos, familiares y para toda la sociedad. El trato sutilmente delicado, afectuoso y de profundo respeto fue la característica que singularizó a este hogar.
La señora Marthita Ojeda de Calderón, se distinguió por su voluntad de servicio a la sociedad con entrega y desinterés. Como servidora pública Marthita, por el lapso de 28 años, sirvió a la ciudadanía de Zamora y su provincia como Registradora de la Propiedad.
Asimismo, la práctica de sus valores humanos y cristianos la llevaron a ser socia fundadora del Club de Leones de Zamora Chinchipe, como también, a constituirse en una de las fundadoras de la Cruz Roja, llegando a ser presidenta de esta humanitaria institución. En la vida de Marthita siempre estuvo presente la caridad cristiana y la solidaridad con los más necesitados y desvalidos. Como rasgo de su personalidad y formación la recordamos como una mujer de fe y oración y especialmente por su capacidad de hacer y cultivar amistades grandes y sinceras.
Marthita se distinguió por su don y talento para cultivar la poesía. Delicados y reflexivos versos suyos fueron publicados en obras, revistas y periódicos de las ciudades de Zamora y Loja, por lo cual fue designada miembro del Directorio de la Casa de la Cultura Núcleo de Zamora Chinchipe.
Este bagaje de valores que siempre adornaron la personalidad de Marthita y que supo cultivarlos en el discurrir de su existencia, serán el motivo por el cual la sociedad zamorana y lojana, deplorarán su irreparable pérdida, pero al mismo tiempo se regocijarán porque gracias a esas virtudes, el Divino Hacedor, sabrá recompensarla en el sagrado Edén en donde descansan para la eternidad las almas buenas.
